Peregrinando al III CONGRESO REINA DE LA PAZ CHILE Día 6

 




Peregrinando al 

III CONGRESO 

REINA DE LA PAZ 

CHILE



Día 6




¡Oh Santo Espíritu! dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén





 Mensaje, 3 de abril de 1986


“¡Queridos hijos! Los invito a vivir la Santa Misa. Muchos de ustedes han experimentado la alegría y la belleza de la Santa Misa y hay otros también que no vienen de buena gana. Yo los he escogido, queridos hijos, y Jesús les da Sus gracias en la Santa Misa. Por lo tanto, vivan conscientemente la Santa Misa y que cada venida los llene de alegría. Vengan con amor y acojan con amor la Santa Misa. Gracias por haber respondido a mi llamado!”





 Jesús está presente en la Eucaristía con toda su divinidad y con toda su humanidad. También la humanidad, aunque a modo de sustancia y no extensivamente, está toda entera en la Hostia consagrada, en cuerpo y alma, y esta última con sus facultades, inteligencia y voluntad. Por eso Jesús en la Eucaristía conoce y ama como Dios y como hombre; no es un objeto pasivo de la adoración de los fieles, sino que está vivo: ve, escucha, responde a sus oraciones con gracias, de modo que pueden tener con el dulce Maestro de que habla el Evangelio relaciones vivas, concretas y, aunque no sensibles, sí semejantes a las que tenían con él sus contemporáneos. Es cierto que en la Eucaristía no sólo está velada la divinidad sino también la humanidad, pero la, fe suple ventajosamente a los sentidos, suple lo que no se ve ni se toca: «a persuadir un corazón sincero —canta Sto. Tomás— sola la fe basta» (Pangelingua).                                            

Lo mismo que un día Jesús, escondido bajo la figura de un peregrino, instruía y enfervorizaba el corazón de los discípulos de Emaús, así hoy, escondido bajo los velos eucarísticos, ilumina a los fieles que recurren a él, los inflama con su amor y los inclina eficazmente al bien..





Oremos con Padre Slavko Bárbaric: 


  "Abre nuestros ojos, abre nuestros corazones y Te pedimos que por favor bendigas a los videntes, a fin de que puedan cumplir con su tarea en este mundo conforme a Tu voluntad. Bendice a esta Parroquia y a todos los Sacerdotes y Hermanas que viven y trabajan aquí. Bendice a todos los peregrinos y a todos los Sacerdotes que vienen con ellos, que a su vez oyen confesiones incansablemente y luego comparten sus testimonios. Bendice a todos los que oran en familia y han formado grupos de oración. Bendice a todos los que, a través de Medjugorje, se han decidido por el sacerdocio o la vida religiosa. Bendice también, oh Padre, a quienes a nivel material han ayudado a los refugiados, los heridos y los huérfanos de guerra. Bendícenos y acompáñanos para que, durante este tiempo, junto con María, podamos glorificarte como nuestro Dios que nos ama. Te damos gracias y con María, Reina de la Paz, Te pedimos que bendigas a todos aquellos que aún están en contra de Medjugorje como un lugar de paz y que de ese modo pronto podamos ser uno en Tu Espíritu que vive y reina en la eternidad. Amén.  (Fray Slavko , Medjugorje, Mayo 29 de 1997)



 


Nos vemos en el Congreso...








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