Peregrinando al III CONGRESO REINA DE LA PAZ CHILE Día 7
Peregrinando al
III CONGRESO
REINA DE LA PAZ
CHILE
Día 7
¡Oh Santo Espíritu! dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén
Mensaje, 2 de agosto de 2019
“Queridos hijos, ¡grande es el amor de mi Hijo! Si conocierais la grandeza de su amor, no dejaríais de adorarlo y agradecerle. Él está siempre vivo con vosotros en la Eucaristía, porque la Eucaristía es su Corazón. La Eucaristía es el corazón de la fe."
El Concilio Vaticano II enseña que Cristo está presente «de modo especial en las acciones litúrgicas, en la administración de los sacramentos, en la predicación y, en fin, «cuando la Iglesia ora» (SC 7). En todos estos casos se trata de una presencia espiritual, pero real, efectiva y actuante. Sin embargo la presencia eucarística es superior porque en la Eucaristía Cristo está presente no sólo de un modo espiritual, sino también de modo corporal. «Pues en este sacramento, de un modo singular, está presente el Cristo total y entero, Dios y hombre, sustancial e ininterrumpidamente. Esa presencia de Cristo bajo las especies se llama real, no por exclusión, como si las otras no lo fuesen, sino por antonomasia» (Euch. Myster. 9). En la Eucaristía está aquel Jesús que María dio a luz, que los pastores encontraron recostado en un pesebre; que María y José vieron crecer bajo su mirada; aquel Jesús que fascinaba e instruía a las turbas, que hacía portentos, que se declaró «luz» y «vida» del mundo, que para salvar a los hombres murió en la cruz; aquel Jesús que se apareció resucitado a los apóstoles y en cuyas llagas Tomás metió el dedo, que subió al cielo, que ahora se sienta glorioso a la derecha del Padre y que, junto con el Padre, envía a los creyentes el Espíritu Santo...
Oremos con Padre Slavko Barbaric:
"Dios, Padre nuestro todopoderoso, todos nosotros conscientemente Te damos gracias durante este mes porque eres nuestro Dios, porque eres nuestro Padre, por habernos enviado a Tu Hijo a salvarnos, por habernos enviado Tu Espíritu para santificarnos. Te damos gracias, oh Padre, por habernos revelado Tu santo nombre y por darnos la oportunidad de crecer en el amor, la fe, la esperanza, la bondad, la verdad y la paz y poder glorificarte de este modo. Te damos gracias por habernos permitido vivir en Tu gloria y en Tu presencia y, haciéndolo así, nos has dado Tu amor y Tu gozo. Gracias por habernos enviado a María que incansablemente nos visita día a día en Tu nombre y que ora por nosotros. Te damos gracias por habernos hecho más patente Tu presencia a través de su presencia entre nosotros. Te pedimos la gracia de llegar a ser y permanecer uno con Ella y Contigo, que nada nos separe de Ti." Amén. (Medjugorje, Mayo 29 de 1997)
Nos vemos en el Congreso...


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