Peregrinando al III CONGRESO REINA DE LA PAZ CHILE Día 3
Peregrinando al
III CONGRESO
REINA DE LA PAZ
CHILE
Día 3
¡Oh Santo Espíritu! dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén
Mensaje, 2 de Septiembre del 2010
“Queridos hijos: estoy en medio de vosotros porque deseo ayudaros a superar las pruebas que este tiempo de purificación pone delante de vosotros. Hijos míos, una de ellas es el no perdonar y el no pedir perdón. Cada pecado ofende el amor y os aleja de Él; ¡el amor es Mi Hijo! Por eso, hijos míos, si deseáis caminar conmigo hacia la paz del amor de Dios, debéis aprender a perdonar y pedir perdón. ¡Os lo agradezco!”
La contemplación de la misericordia divina tiene el poder de derretir la dureza del corazón humano, sus intransigencias y asperezas y de suavizarlo hasta una actitud llena de bondad con los hermanos aun culpables o deudores suyos. Si la característica del amor de Dios a los hombres es la misericordia, ¿cómo podrán los cristianos, hijos de Dios, amarse mutuamente sin misericordia? En el sermón de la Montaña, después de haber proclamado las bienaventuranzas, Jesús presenta el precepto del amor justamente bajo el aspecto de misericordia: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan» (Lc 6, 27-28). Sin esta marca profunda de indulgencia y de longanimidad, no podría el amor durar mucho entre criaturas que, por su debilidad, son con frecuencia unas para otras ocasión de fricciones y por lo tanto necesitan perdonarse mutuamente. Como Dios ama al hombre usando con él de misericordia, así deben amarse los hombres entre sí, recordando que cuanto más misericordiosos sean tanto más "alcanzarán misericordia".
Oremos con Padre Slavko Barbaric:
"Dios, Padre nuestro todopoderoso, todos nosotros conscientemente Te damos gracias durante este mes porque eres nuestro Dios, porque eres nuestro Padre, por habernos enviado a Tu Hijo a salvarnos, por habernos enviado Tu Espíritu para santificarnos. Te damos gracias, oh Padre, por habernos revelado Tu santo nombre y por darnos la oportunidad de crecer en el amor, la fe, la esperanza, la bondad, la verdad y la paz y poder glorificarte de este modo. Te damos gracias por habernos permitido vivir en Tu gloria y en Tu presencia y, haciéndolo así, nos has dado Tu amor y Tu gozo. Gracias por habernos enviado a María que incansablemente nos visita día a día en Tu nombre y que ora por nosotros. Te damos gracias por habernos hecho más patente Tu presencia a través de su presencia entre nosotros. Te pedimos la gracia de llegar a ser y permanecer uno con Ella y Contigo, que nada nos separe de Ti." Amén. (Medjugorje, Mayo 29 de 1997)
Nos vemos en el Congreso...


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