Laudes Miércoles 12 de Noviembre
Laudes
V. Señor, ábreme
los labios.
R. Y mi boca
proclamará tu alabanza.
Gloria al Padre, y
al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de
los siglos. Amén. Aleluya.
INVITATORIO
Ant. Venid,
adoremos al Señor, rey de los mártires.
Salmo 94
Venid, aclamemos al
Señor,
demos vítores a la
Roca que nos salva;
entremos a su
presencia dándole gracias,
aclamándolo con
cantos.
Porque el Señor es
un Dios grande,
soberano de todos
los dioses:
tiene en su mano
las simas de la tierra,
son suyas las
cumbres de los montes.
Suyo es el mar,
porque él lo hizo,
la tierra firme que
modelaron sus manos.
Venid, postrémonos
por tierra,
bendiciendo al
Señor, creador nuestro.
Porque él es
nuestro Dios,
y nosotros su
pueblo,
el rebaño que él
guía.
Ojalá escuchéis hoy
su voz:
"No
endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá
en el desierto:
cuando vuestros
padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí,
aunque habían visto mis obras."
Durante cuarenta
años
aquella generación
me repugnó, y dije:
"Es un pueblo
de corazón extraviado,
que no reconoce mi
camino;
por eso he jurado
en mi cólera
que no entrarán en
mi descanso."
Gloria al Padre, y
al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de
los siglos. Amén.
Ant. Venid,
adoremos al Señor, rey de los mártires.
HIMNO
Palabra del Señor
ya rubricada
es la vida del
mártir, ofrecida
como prueba fiel de
que la espada
no puede ya truncar
la fe vivida.
Fuente de fe y de
luz es su memoria,
coraje para el
justo en la batalla
del bien, de la
verdad, siempre victoria
que, en vida y
muerte, el justo en Cristo halla.
Martirio es el
dolor de cada día,
si en Cristo y con
amor es aceptado,
fuego lento de amor
que en la alegría
de servir al Señor
es consumado.
Concédenos, oh
Padre, sin medida,
y tú, Señor Jesús
crucificado,
el fuego del
Espíritu de vida
para vivir el don
que nos has dado. Amén.
SALMODIA
Salmo 107
ALABANZA AL SEÑOR Y PETICIÓN DE AUXILIO
Ant. 1. Mi corazón
está firme, Dios mío, mi corazón está firme.
Dios mío, mi
corazón está firme,
para ti cantaré y
tocaré, gloria mía.
Despertad, cítara y
arpa,
despertaré a la
aurora.
Te daré gracias
ante los pueblos, Señor,
tocaré para ti ante
las naciones:
por tu bondad, que
es más grande que los cielos;
por tu fidelidad,
que alcanza a las nubes.
Elévate sobre el
cielo, Dios mío,
y llene la tierra
tu gloria;
para que se salven
tus predilectos,
que tu mano
salvadora nos responda.
Dios habló en su
santuario:
"Triunfante,
ocuparé Siquén,
parcelaré el valle
de Sucot;
mío es Galaad, mío
Manasés,
Efraín es yelmo de
mi cabeza,
Judá es mi cetro;
Moab, una jofaina
para lavarme,
sobre Edom echo mi
sandalia,
sobre Filistea
canto victoria".
Pero, ¿quién me
guiará a la plaza fuerte,
quién me conducirá
a Edom,
si tú, oh Dios, nos
has rechazado
y no sales ya con
nuestras tropas?
Auxílianos contra
el enemigo,
que la ayuda del
hombre es inútil;
con Dios haremos
proezas,
él pisoteará a
nuestros enemigos.
Ant. Mi corazón
está firme, Dios mío, mi corazón está firme.
Cántico Is 61, 10-62, 5
ALEGRÍA DEL PROFETA ANTE LA NUEVA CREACIÓN
Ant. 2. El Señor me
ha revestido de justicia y santidad.
Desbordo de gozo
con el Señor,
y me alegro con mi
Dios:
porque me ha
vestido un traje de gala
y me ha envuelto en
un manto de triunfo,
como novio que se
pone la corona,
o novia que se
adorna con sus joyas.
Como el suelo echa
sus brotes,
como un jardín hace
brotar sus semillas,
así el Señor hará
brotar la justicia
y los himnos ante
todos los pueblos.
Por amor de Sión no
callaré,
por amor de
Jerusalén no descansaré,
hasta que rompa la
aurora de su justicia,
y su salvación
llamee como antorcha.
Los pueblos verán
tu justicia,
y los reyes tu
gloria;
te pondrán un
nombre nuevo,
pronunciado por la
boca del Señor.
Serás corona
fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en
la palma de tu Dios.
Ya no te llamarán
"Abandonada",
ni a tu tierra
"Devastada";
a ti te llamarán
"Mi favorita",
y a tu tierra
"Desposada",
porque el Señor te
prefiere a ti,
y tu tierra tendrá
marido.
Como un joven se
casa con su novia,
así te desposa el
que te construyó;
la alegría que
encuentra el marido con su esposa,
la encontrará tu
Dios contigo.
Ant. El Señor me ha
revestido de justicia y santidad.
Salmo 145
FELICIDAD DE LOS QUE ESPERAN EN DIOS
Ant. 3. Alabaré al Señor mientras viva.
Alaba, alma mía, al
Señor:
alabaré al Señor
mientras viva,
tañeré para mi Dios
mientras exista.
No confiéis en los
príncipes,
seres de polvo que
no pueden salvar;
exhalan el espíritu
y vuelven al polvo,
ese día perecen sus
planes.
Dichoso a quien
auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el
Señor, su Dios,
que hizo el cielo y
la tierra,
el mar y cuanto hay
en él;
que mantiene su
fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a
los oprimidos,
que da pan a los
hambrientos.
El Señor liberta a
los cautivos,
el Señor abre los
ojos al ciego,
el Señor endereza a
los que ya se doblan,
el Señor ama a los
justos.
El Señor guarda a
los peregrinos,
sustenta al
huérfano y a la viuda
y trastorna el
camino de los malvados.
El Señor reina
eternamente,
tu Dios, Sión, de
edad en edad.
Ant. Alabaré al
Señor mientras viva.
LECTURA BREVE 2 Co
1, 3-5
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo Padre de misericordia y Dios de todo
consuelo; él nos consuela en todas nuestras luchas, para poder nosotros
consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que
nosotros somos consolados por Dios. Porque si es cierto que los sufrimientos de
Cristo rebosan sobre nosotros, también por Cristo rebosa nuestro consuelo.
RESPONSORIO BREVE
V. El Señor es mi
fuerza y mi energía.
R. El Señor es mi
fuerza y mi energía.
V. Él es mi
salvación.
R. Y mi energía.
V. Gloria al Padre,
y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor es mi
fuerza y mi energía.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Benedictus Lc 1, 68-79
Ant. El que se
aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna.
Bendito sea el
Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado
y redimido a su pueblo,
suscitándonos una
fuerza de salvación
en la casa de
David, su siervo,
según lo había
predicho desde antiguo,
por boca de sus
santos profetas.
Es la salvación que
nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de
todos los que nos odian;
realizando la
misericordia
que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa
alianza
y el juramento que
juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos
que, libres de temor,
arrancados de la
mano de los enemigos,
le sirvamos con
santidad y justicia,
en su presencia,
todos nuestros días.
Y a ti, niño, te
llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante
del Señor
a preparar sus
caminos,
anunciando a su
pueblo la salvación,
el perdón de sus
pecados.
Por la entrañable
misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol
que nace de lo alto,
para iluminar a los
que viven en tinieblas
y en sombra de
muerte,
para guiar nuestros
pasos
por el camino de la
paz.
Gloria al Padre, y
al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de
los siglos. Amén.
Ant. El que se
aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna.
PRECES
Celebremos, amados
hermanos, a Jesús, el testigo fiel, y al recordar hoy a los santos mártires
sacrificados a causa de la palabra de Dios, aclamémosle diciendo:
Nos has comprado,
Señor, con tu sangre.
Por la intercesión
de los santos mártires que entregaron libremente su vida como testimonio de la
fe,
— concédenos,
Señor, la verdadera libertad de espíritu.
Por la intercesión
de los santos mártires que proclamaron la fe hasta derramar su sangre,
— concédenos,
Señor, la integridad y constancia de la fe.
Por la intercesión
de los santos mártires que soportando la cruz siguieron tus pasos,
— concédenos,
Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.
Por la intercesión
de los santos mártires que blanquearon su manto en la sangre del Cordero,
— concédenos,
Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.
Dirijamos ahora
nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo:
Padre nuestro, que
estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase
tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como
también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la
tentación, y líbranos del mal. Amén.
ORACIÓN
Aviva, Señor, en tu
Iglesia, el Espíritu que impulsó a san Josafat, obispo y mártir, a dar la vida
por su rebaño, y concédenos, por su intercesión, que ese mismo Espíritu nos dé
fuerza a nosotros para entregar la vida por nuestros hermanos. Por nuestro Señor
Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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