Peregrinando al III CONGRESO REINA DE LA PAZ CHILE Día 36
Peregrinando al
III CONGRESO REINA DE LA PAZ CHILE
Día 36
¡Oh Santo Espíritu! dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén
Mensaje, 25 de febrero de 1987
“¡Queridos hijos! Hoy deseo envolverlos con mi manto y conducirlos a todos hacia el camino de la conversión. Queridos hijos, les ruego, entreguen al Señor todo su pasado, todo el mal que se ha acumulado en sus corazones. Yo deseo que cada uno de ustedes sea feliz, pero con el pecado nadie puede serlo. Por tanto, queridos hijos, oren y en la oración, ustedes conocerán el nuevo camino del gozo. El gozo se manifestará en sus corazones y así podrán ser testigos gozosos de lo que Yo y mi Hijo deseamos de cada uno de ustedes. Yo los bendigo. Gracias por haber respondido a mi llamado!”
Todo lo que es pecado, defecto o infidelidad voluntaria deshonra a Cristo nuestra Cabeza, contrista al Espíritu Santo que habita en nosotros. Pero el cristiano auténtico no puede contentarse con evitar el pecado; debe preocuparse de hacer crecer en él la vida de Cristo. El bautismo, en efecto, «todo él tiende a conseguir la plenitud de la vida de Cristo» (UR 22). No basta vivir en Cristo; es preciso que esa vida sea plena, exuberante. En la vida natural el hombre crece aun sin el concurso de su voluntad; pero en la vida de la gracia no es así. Si él no coopera, puede llegar a quedarse en un estadio inicial a los veinte, treinta, cuarenta o cincuenta años de su bautismo y luego de centenares de confesiones y comuniones. ¡Qué monstruosa desproporción! Adultos y acaso viejos según la naturaleza, que continúan niños según la gracia.
Es preciso crecer en Cristo, es preciso que Cristo crezca en todo creyente. La palabra del Bautista indica el camino: «El ha de crecer, yo menguar» (Jn 3, 30). Tales son las exigencias del desarrollo de la vida de la gracia: hacer morir el propio yo, el «hombre viejo», con sus malos hábitos, sus defectos y sus imperfecciones, para que en el bautizado crezca la vida de Cristo hasta llegar a la edad perfecta, «a un desarrollo orgánico proporcionado a la plenitud de Cristo» (Ef 4, 13).
Oremos con Padre Slavko Barbaric:
"Dios, Padre nuestro, Te damos gracias porque eres nuestro Padre, porque nos llamas a Ti y porque anhelas estar con nosotros. Gracias, porque en la oración, siempre es posible encontrarnos Contigo. Líbranos de todo lo que sofoca en nuestro corazón el anhelo de estar Contigo. Líbranos de nuestro orgullo y egoísmo, de nuestra superficialidad y despierta en nosotros el profundo anhelo de encontrarnos Contigo. Perdónanos, porque muchas veces nos distanciamos de Ti y luego Te culpamos por nuestro sufrimiento y soledad. Te damos gracias porque quieres que, en Tu nombre, oremos por nuestras familias, por la Iglesia y por el mundo entero. Por favor, danos la gracia de abrirnos al llamado de la oración. Bendice a todos los que oran y que, en la oración, puedan encontrarse Contigo y a través de Ti, encuentren el sentido de la vida. Concede también a todos los que oran el gozo que sólo puede venir de la oración. Te rogamos también por todos los que han cerrado sus corazones a Ti, que se han distanciado de Ti porque en estos momentos les va bien. Pero también Te pedimos por todos aquellos que, a causa de su sufrimiento, Te han cerrado sus corazones. Abre nuestros corazones con Tu amor, a fin de que por medio de Tu Hijo Jesucristo seamos testigos de Tu amor en este mundo. Amén." (Fray Slavko , Medjugorje, Julio 28 de 1997)
Nos vemos en el Congreso...



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