Laudes Jueves 13 de Noviembre
Jueves 13 de
noviembre de 2025
Laudes
V. Señor, ábreme
los labios.
R. Y mi boca
proclamará tu alabanza.
Gloria al Padre, y
al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de
los siglos. Amén. Aleluya.
INVITATORIO
Salmo 94
Ant. Entrad en la
presencia del Señor con vítores.
Venid, aclamemos al
Señor,
demos vítores a la
Roca que nos salva;
entremos a su
presencia dándole gracias,
aclamándolo con
cantos.
Porque el Señor es
un Dios grande,
soberano de todos
los dioses:
tiene en su mano
las simas de la tierra,
son suyas las
cumbres de los montes.
Suyo es el mar,
porque él lo hizo,
la tierra firme que
modelaron sus manos.
Venid, postrémonos
por tierra,
bendiciendo al
Señor, creador nuestro.
Porque él es
nuestro Dios,
y nosotros su
pueblo,
el rebaño que él
guía.
Ojalá escuchéis hoy
su voz:
"No
endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá
en el desierto:
cuando vuestros
padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí,
aunque habían visto mis obras."
Durante cuarenta
años
aquella generación
me repugnó, y dije:
"Es un pueblo
de corazón extraviado,
que no reconoce mi
camino;
por eso he jurado
en mi cólera
que no entrarán en
mi descanso."
Gloria al Padre, y
al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de
los siglos. Amén.
Ant. Entrad en la
presencia del Señor con vítores.
HIMNO
¡Nacidos de la
luz!, ¡hijos del día!
Vamos hacia el
Señor de la mañana;
su claridad disipa
nuestras sombras
y llena el corazón
de regocijo.
Que nuestro Dios,
el Padre de la gloria,
limpie la oscuridad
de nuestros ojos
y nos revele, al
fin, cuál es la herencia
que nos legó en el
Hijo Primogénito.
¡Honor y gloria a
Dios, Padre celeste,
por medio de su
Hijo Jesucristo
y el don de toda
luz, el Santo Espíritu,
que vive por los
siglos de los siglos! Amén.
SALMODIA
Salmo 142, 1-11
LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA ANGUSTIA
Ant. 1. En la
mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.
Señor, escucha mi
oración;
tú, que eres fiel,
atiende a mi súplica;
tú, que eres justo,
escúchame.
No llames a juicio
a tu siervo,
pues ningún hombre
vivo es inocente frente a ti.
El enemigo me
persigue a muerte,
empuja mi vida al
sepulcro,
me confina a las
tinieblas
como a los muertos
ya olvidados.
Mi aliento
desfallece,
mi corazón dentro
de mí está yerto.
Recuerdo los
tiempos antiguos,
medito todas tus
acciones,
considero las obras
de tus manos
y extiendo mis
brazos hacia ti:
tengo sed de ti
como tierra reseca.
Escúchame en
seguida, Señor,
que me falta el
aliento.
No me escondas tu
rostro,
igual que a los que
bajan a la fosa.
En la mañana hazme
escuchar tu gracia,
ya que confío en
ti.
Indícame el camino
que he de seguir,
pues levanto mi
alma a ti.
Líbrame del
enemigo, Señor,
que me refugio en
ti.
Enséñame a cumplir
tu voluntad,
ya que tú eres mi
Dios.
Tu espíritu, que es
bueno,
me guíe por tierra
llana.
Por tu nombre,
Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia,
sácame de la angustia.
Ant. En la mañana,
Señor, hazme escuchar tu gracia.
Cántico Is 66,10-14a
CONSUELO Y GOZO PARA LA CIUDAD SANTA
Ant. 2. El Señor
hará derivar hacia Jerusalén, como un río, la paz.
Festejad a
Jerusalén, gozad con ella,
todos los que la
amáis,
alegraos de su
alegría,
los que por ella
llevasteis luto;
mamaréis a sus
pechos
y os saciaréis de
sus consuelos,
y apuraréis las
delicias
de sus ubres
abundantes.
Porque así dice el
Señor:
"Yo haré
derivar hacia ella,
como un río, la
paz,
como un torrente en
crecida,
las riquezas de las
naciones.
Llevarán en brazos
a sus criaturas
y sobre las
rodillas las acariciarán;
como a un niño a
quien su madre consuela,
así os consolaré
yo,
y en Jerusalén
seréis consolados.
Al verlo, se
alegrará vuestro corazón,
y vuestros huesos
florecerán como un prado.
Ant. El Señor hará
derivar hacia Jerusalén, como un río, la paz.
Salmo 146
PODER Y BONDAD DE DIOS
Ant. 3. Nuestro
Dios merece una alabanza armoniosa.
Alabad al Señor,
que la música es buena;
nuestro Dios merece
una alabanza armoniosa.
El Señor
reconstruye Jerusalén,
reúne a los
deportados de Israel;
él sana los
corazones destrozados,
venda sus heridas.
Cuenta el número de
las estrellas,
a cada una la llama
por su nombre.
Nuestro Señor es
grande y poderoso,
su sabiduría no
tiene medida.
El Señor sostiene a
los humildes,
humilla hasta el
polvo a los malvados.
Entonad la acción
de gracias al Señor,
tocad la cítara
para nuestro Dios,
que cubre el cielo
de nubes,
preparando la
lluvia para la tierra;
que hace brotar
hierba en los montes,
para los que sirven
al hombre;
que da su alimento
al ganado
y a las crías de
cuervo que graznan.
No aprecia el vigor
de los caballos,
no estima los
jarretes del hombre:
el Señor aprecia a
sus fieles,
que confían en su
misericordia.
Ant. Nuestro Dios
merece una alabanza armoniosa.
LECTURA BREVE
Romanos 8,18-21
Los sufrimientos de
ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la
creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de
Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que
la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería
liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa
de los hijos de Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Velando medito
en ti, Señor.
R. Velando medito
en ti, Señor.
V. Porque fuiste mi
auxilio.
R. Medito en ti,
Señor.
V. Gloria al Padre,
y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Velando medito
en ti, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
BENEDICTUS
Lc 1, 68-79
Ant. Anuncia a tu
pueblo, Señor, la salvación, y perdónanos nuestros pecados.
Bendito sea el
Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado
y redimido a su pueblo,
suscitándonos una
fuerza de salvación
en la casa de
David, su siervo,
según lo había
predicho desde antiguo,
por boca de sus
santos profetas.
Es la salvación que
nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de
todos los que nos odian;
realizando la
misericordia
que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa
alianza
y el juramento que
juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos
que, libres de temor,
arrancados de la
mano de los enemigos,
le sirvamos con
santidad y justicia,
en su presencia,
todos nuestros días.
Y a ti, niño, te
llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante
del Señor
a preparar sus
caminos,
anunciando a su
pueblo la salvación,
el perdón de sus
pecados.
Por la entrañable
misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol
que nace de lo alto,
para iluminar a los
que viven en tinieblas
y en sombra de
muerte,
para guiar nuestros
pasos
por el camino de la
paz.
Gloria al Padre, y
al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de
los siglos. Amén.
Ant. Anuncia a tu
pueblo, Señor, la salvación, y perdónanos nuestros pecados.
PRECES
Invoquemos a Dios,
de quien viene la salvación para su pueblo, diciendo:
Escúchanos, Señor.
Bendito seas, Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo, que, en tu gran misericordia, nos has hecho
nacer de nuevo para una esperanza viva,
— por la
resurrección de Jesucristo de entre los muertos.
Tú que en Cristo
renovaste al hombre, creado a imagen tuya,
— haz que seamos
imagen de tu Hijo.
Derrama en nuestros
corazones, lastimados por el odio y la envidia,
— tu Espíritu de
amor.
Concede hoy trabajo
a quienes lo buscan, pan a los hambrientos, alegría a los tristes,
— a todos la gracia
y la salvación.
Por Jesús hemos
sido hechos hijos de Dios; por esto, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que
estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase
tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como
también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la
tentación, y líbranos del mal.
ORACIÓN
Concédenos, Señor,
que nos sea siempre anunciada la salvación, para que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos te sirvamos fielmente con santidad y
justicia todos nuestros días. Por nuestro Señor Jesucristo.
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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